Evangelio de san Juan (18, 1-12)

san Juan

Introducción

Juan no presenta a Jesús como el siervo sufriente de Isaías (cf. Is 42; 49; 50; 52-53). El Jesús de Juan lleva a cumplimiento, a través de su pasión, la misión a la que estaba destinado; su misma muerte en cruz es su glorificación (Jn 12,20-33).
Juan omite la agonía de Jesús en el Huerto de los Olivos. Se dedica más bien a mostrar que Jesús no es simplemente uno a quien Judas traicionó, sino aquel que se ofrece voluntariamente para beber el «cáliz» que le ha dado el Padre.
A diferencia de los sinópticos, Juan no nombra ni el Monte de los Olivos ni Getsemaní, sino el Torrente Cedrón, el valle que separa el Monte del Templo del Monte de los Olivos.
Mientras que los otros evangelistas son imprecisos a la hora de señalar al culpable del incidente con el criado del sumo sacerdote, Juan no sólo especifica el nombre de la víctima, Malco, sino que identifica a Simón Pedro como responsable de la herida de su oreja derecha. Este gesto es interpretado como la voluntad, por parte de Pedro, de imponer una marca infamante. Además, Juan precisa que el arresto de Jesús fue llevado a cabo por una cohorte y unos guardias de los sumos sacerdotes y de los fariseos, situación más real respecto a la indicada por Lucas, que incluye entre los presentes a los mismos sumos sacerdotes y a los oficiales del templo.

Testo

1 Después de decir esto, salió Jesús con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón, donde había un huerto, y entraron allí él y sus discípulos. 2 Judas, el que lo iba a entregar, conocía también el sitio, porque Jesús se reunía a menudo allí con sus discípulos. 3 Judas entonces, tomando una cohorte y unos guardias de los sumos sacerdotes y de los fariseos, entró allá con faroles, antorchas y armas. 4 Jesús, sabiendo todo lo que venía sobre él, se adelantó y les dijo: «¿A quién buscáis?». 5 Le contestaron: «A Jesús, el Nazareno». Les dijo Jesús: «Yo soy». Estaba también con ellos Judas, el que lo iba a entregar. 6 Al decirles: «Yo soy», retrocedieron y cayeron a tierra. 7 Les preguntó otra vez: «¿A quién buscáis?». Ellos dijeron: «A Jesús, el Nazareno». 8 Jesús contestó: «Os he dicho que soy yo. Si me buscáis a mí, dejad marchar a estos». 9 Y así se cumplió lo que había dicho: «No he perdido a ninguno de los que me diste». 10 Entonces Simón Pedro, que llevaba una espada, la sacó e hirió al criado del sumo sacerdote, cortándole la oreja derecha. Este criado se llamaba Malco. 11 Dijo entonces Jesús a Pedro: «Mete la espada en la vaina. El cáliz que me ha dado mi Padre, ¿no lo voy a beber?».
12 La cohorte, el tribuno y los guardias de los judíos prendieron a Jesús, lo ataron 13 y lo llevaron primero a Anás, porque era suegro de Caifás, sumo sacerdote aquel año; 14 Caifás era el que había dado a los judíos este consejo: «Conviene que muera un solo hombre por el pueblo».

(Sagrada Biblia. Versión oficial de la Conferencia Episcopal Española, 2010).