Evangelio según san Lucas (22,39-54)

san Lucas

Introducción

De todos los evangelistas, Lucas es el único que recuerda el «sudor de sangre» causado por la profunda angustia de Jesús, que en aquel momento de oscuridad recibió del Padre el consuelo de un ángel. El fenómeno físico de la hematohidrosis se puede producir como efecto de un fortísimo sufrimiento físico y el evangelista, que según la tradición era médico, lo atribuye a la agonía (del griego ‘agonía’: lucha) de Jesús contra «el poder de las tinieblas».
El «poder de las tinieblas» que ostentaban los que vinieron a prender a Jesús tiene al menos una doble interpretación: literal y bíblica. Tal como argumentó Jesús, su arresto ocurrió de noche, es decir, en medio de las «tinieblas», de forma que la muchedumbre, que lo escuchaba de día, no pudiese intervenir en su ayuda. Pero, desde el punto de vista bíblico, a las «tinieblas» está asociada la ausencia de Dios y son así imagen de todo lo relacionado con el mal y el pecado.
El evangelista Lucas es también el único que narra el gesto de piedad que Jesús realizó en favor del criado del sumo sacerdote, curándole la oreja herida por la espada de uno de sus discípulos.

Texto

39 Salió y se encaminó, como de costumbre, al monte de los Olivos, y lo siguieron los discípulos. 40 Al llegar al sitio, les dijo: «Orad, para no caer en tentación». 41 Y se apartó de ellos como a un tiro de piedra y, arrodillado, oraba 42 diciendo: «Padre, si quieres, aparta de mí este cáliz; pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya». 43 Y se le apareció un ángel del cielo, que lo confortaba. 44 En medio de su angustia, oraba con más intensidad. Y le entró un sudor que caía hasta el suelo como si fueran gotas espesas de sangre. 45 Y, levantándose de la oración, fue hacia sus discípulos, los encontró dormidos por la tristeza, 46 y les dijo: «¿Por qué dormís? Levantaos y orad, para no caer en tentación».
47 Todavía estaba hablando, cuando apareció una turba; iba a la cabeza el llamado Judas, uno de los Doce. Y se acercó a besar a Jesús. 48 Jesús le dijo: «Judas, ¿con un beso entregas al Hijo del hombre?». 49 Viendo los que estaban con él lo que iba a pasar, dijeron: «Señor, ¿herimos con la espada?». 50 Y uno de ellos hirió al criado del sumo sacerdote y le cortó la oreja derecha. 51 Jesús intervino, diciendo: «Dejadlo, basta». Y, tocándole la oreja, lo curó. 52 Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los oficiales del templo, y a los ancianos que habían venido contra él: «¿Habéis salido con espadas y palos como en busca de un bandido? 53 Estando a diario en el templo con vosotros, no me prendisteis. Pero esta es vuestra hora y la del poder de las tinieblas».
54 Después de prenderlo, se lo llevaron y lo hicieron entrar en casa del sumo sacerdote. Pedro lo seguía desde lejos.

(Sagrada Biblia. Versión oficial de la Conferencia Episcopal Española, 2010).