Gruta de Getsemaní

La Gruta llamada comúnmente «de Getsemaní» se encuentra a la derecha de la Tumba de la Virgen y se abre al fondo de un pasadizo. La tradición, a partir del siglo IV, sitúa en esta gruta la traición de Judas. Por tanto, siguiendo los lugares de la memoria, Jesús, después de su agonía en el Huerto de los Olivos, volvió a la gruta para reencontrarse con los apóstoles y allí lo abordó Judas con los guardias.

Los franciscanos entraron en posesión de la gruta en 1361 y, a diferencia de lo que ocurre con la Tumba de la Virgen, mantienen dicha propiedad. Tras un aluvión ocurrido en 1955, la Custodia de Tierra Santa llevó a cabo unas excavaciones arqueológicas, dirigidas por el padre Virgilio Corbo, que permitieron estudiar la estructura de la cueva y realizar interesantes descubrimientos.

La gruta mide 19x10 metros. Siempre ha mantenido una fisonomía bastante natural, a pesar de las muchas transformaciones que ha sufrido. En un principio debía de ser un espacio de tipo agrícola, con cisternas y canalillos de agua y tal vez una prensa de aceite. A partir del siglo IV se convirtió en iglesia rupestre con finalidad funeraria. En la época cruzada, su bóveda fue decorada con pinturas de estrellas y escenas evangélicas.

La actual entrada data de 1655, cuando un aluvión volvió impracticables las entradas precedentes. Unos escalones conducen al interior de la gruta. La bóveda, rocosa y decorada, en parte natural y en parte tallada artificialmente, está sustentada sobre pilares, también éstos parcialmente naturales. Una reciente restauración ha consistido en limpiar la bóveda, pintada en la época cruzada, de forma que han salido a la luz los frescos y numerosos grafitos dejados por los peregrinos. El cielo, pintado con estrellas de varios colores sobre un fondo blanco, deja espacio en el presbiterio a un ciclo pictórico del que queda alguna huella y que probablemente presentaba tres escenas: la oración de Jesús en el huerto, Cristo con los apóstoles y el ángel que consuela al Salvador.

Se ha conservado una inscripción en latín a la derecha del presbiterio, compuesta por tres líneas con letras mayúsculas en blanco sobre un fondo rojo y negro. La traducción propuesta dice así: “Aquí el Rey Santo sudó sangre. Cristo, el Señor, frecuentaba estos lugares a menudo. Padre mío, si quieres, aleja de mí este cáliz”. Probablemente otras inscripciones como esta separaban las escenas representadas con el fin de describirlas.

Las pinturas realizadas al fresco son obra del artista Umberto Noni. La que está justo detrás del altar representa la oración diaria de Jesús entre los apóstoles, ambientada en el interior de una gruta como ésta de Getsemaní.

Dando la espalda al altar, a la izquierda de la escalera de entrada, se puede observar parte de la antigua cisterna, utilizada originalmente como depósito de agua y transformada en la época bizantina en cementerio. Una abertura en el suelo permite ver parte del fondo de la cisterna, con un trazado dividido en al menos cinco tumbas separadas por tabiques. Dentro de la cisterna, en la pared sur, fue realizada una tumba de arcosolio. La entrada bizantina a la gruta estaba ubicada en este lado, encima de la cisterna. Por una abertura cuadrada practicada en la base del muro se ven los escalones que, desde el lado norte, conducían al cementerio. Frente a la entrada bizantina se conserva, en el suelo, un fragmento de mosaico realizado con teselas blancas con una inscripción griega en teselas rojas y encuadrada en negro. Se trata de una inscripción funeraria de la que queda sólo la primera línea, que dice: “Señor, concede el descanso...”.

Gruta de Getsemaní