El Huerto de los Olivos

Normalmente, quien visita por primera vez Tierra Santa llega hasta aquí pensando que el Huerto de los Olivos (llamado también «jardín» en Jn 18,1.26) es una gran parcela de tierra llena de plantas y flores, tranquilo en la quietud de la naturaleza, alejado del jaleo de la Ciudad Santa. Lo que en tiempos de Jesús debía de ser un espacio repleto de vegetación y cultivos, hoy es difícil imaginarlo con ese aspecto...

Desde siempre, cuantos han llegado a Tierra Santa tratan de vivir la experiencia de ver y tocar los lugares que dan testimonio de Jesús. Este jardín, con sus añosos olivos, probablemente está entre los lugares más fieles a la Jerusalén de hace dos mil años. Jesús se retiraba a estos parajes cultivados para pasar la noche y rezar; en la noche de aquel primer Jueves Santo, antes de su detención, soportó el sufrimiento que lo llevó a una decisión consciente y al total abandono a la voluntad del Padre.

El Huerto de los Olivos, cuidado oficialmente por los padres franciscanos desde 1681, está localizado al este del Valle del Cedrón, entre el sendero asfaltado que sube hacia el Monte y la transitada Carretera de Jericó. Situado a la entrada de la propiedad del santuario de Getsemaní, el jardín ocupa una superficie de unos 1200 metros cuadrados y está protegido por una valla que permite a los visitantes caminar alrededor de los centenarios olivos.

En el jardín, junto a los troncos huecos y retorcidos de los olivos más antiguos, se han plantado nuevos retoños, en sustitución de los cipreses y otras plantas florales que servían, en el siglo XIX, para la decoración del Santo Sepulcro.

La basílica está junto al Jardín de Getsemaní

Actualmente, los olivos más antiguos son ocho, con troncos cuyo diámetro sobrepasa en algunos casos los tres metros. En el huerto está también el olivo plantado por el Papa Pablo VI el 4 de enero de 1964, durante su peregrinación a Tierra Santa.

Todos los olivos, viejos y nuevos, producen una buena cantidad de olivas. Algunos estudios que está realizando la asociación italiana «Cultivemos la Paz», junto con el Consejo Nacional de Investigación de Florencia y otras entidades, tratan de verificar, además del estado de salud de los árboles, su edad y su mapa genético. Hasta ahora, de hecho, no está certificada la edad de los olivos, que son recordados en las crónicas de los peregrinos sólo a partir del siglo XIV, pero que Jorge Cucci, ya en 1384, describe como «antiquísimos», «numerosos y bellos».

Cada año llegan voluntarios de todo el mundo para ayudar a los frailes de la Custodia a cuidar los olivos, sobre todo en la época de la recolección de las olivas y para la poda de los árboles.

Los olivos del huerto de Getsemaní

Recogiendo aceitunas del Jardín Sagrado