Las excavaciones en la Gruta de Getsemaní

Pianta della Grotta del Getsemani dopo gli scavi di p. Corbo

octubre de 1956 - marzo de 1957

Tras un violento aluvión ocurrido el 23 de noviembre de 1955, la Custodia de Tierra Santa comenzó los trabajos de restauración de la Gruta de la Traición. Fue la ocasión para que el padre Virgilio Corbo estudiara toda el área y realizara interesantes descubrimientos. Los estudios, publicados en 1965, clarificaron considerablemente toda la serie de transformaciones ocurridas a lo largo del tiempo.

En tiempos de Jesús, muchas grutas naturales formaban el paisaje del entorno del Monte de los Olivos. En su origen, la misma Tumba de la Virgen, al lado de la Gruta de la Traición, era también una cueva.

La entrada primitiva a la gruta estaba situada en la pared norte, a la derecha del acceso actual. El interior estaba constituido por la actual parte central, la zona del altar mayor y una segunda cavidad que se encuentra al sur, descubierta durante los trabajos. La bóveda se sustentaba sobre cuatro pilares de roca natural, de los que hoy quedan tres.

La gruta contaba con un depósito de agua: una cisterna, en el ángulo noroeste, a la derecha de la entrada actual, estaba conectada con un pequeño pilón donde, a través de un sistema de canalización, se recogía el agua de lluvia y se decantaba antes de almacenarse en la cisterna.

Según el padre Corbo, en la depresión situada al este, donde está el altar actual, existía una prensa para el aceite. Una cavidad en la pared, todavía visible, serviría como hueco para encajar el brazo de la prensa. El agua interna de la gruta serviría así para diluir la densidad del aceite y hacerlo discurrir más fácilmente hacia los puntos de recogida. Las reducidas dimensiones del espacio, sin embargo, arrojan serias dudas sobre esta hipótesis.

Probablemente a partir del siglo IV, la gruta fue transformada en iglesia rupestre y asumió muy pronto una finalidad funeraria. Se practicó una especie de deambulatorio a lo largo de las paredes sur y oeste y la luz entraba por un lucernario. La construcción de la iglesia de la Tumba de María, a finales del siglo IV, obstruyó la entrada original, que fue reubicada hacia el noroeste.

A partir del siglo V se construyeron numerosas tumbas en el interior. Se aprovecharon también las paredes de la cisterna para instalar allí tumbas de arcosolio y el suelo fue compartimentado en diversos espacios a base de tabiques para las sepulturas y recubierto con mosaico con una inscripción, visible a la derecha de la actual entrada, de la cual quedan dos palabras de una invocación en griego: kē anapaus, Señor, concede el descanso...

La necrópolis, realizada sobre el pavimento musivo de teselas blancas, estaba compuesta por 42 sepulturas, desde la época bizantina hasta la cruzada, con algún caso de reutilización de enterramientos. En la excavación se hallaron numerosas inscripciones sepulcrales, algunas en griego y otras en caracteres cúficos. El único espacio preservado de sepulturas es el presbiterio, donde todavía hoy se encuentra el altar. No faltan por toda la gruta grafitos realizados por los fieles en la bóveda de la gruta en la época bizantina.

Durante el periodo cruzado, la gruta fue embellecida con la realización de pinturas en la bóveda, de las que quedan algunas huellas de estrellas y del ciclo evangélico que decora el presbiterio; aquí se puede leer también alguna inscripción. Los repetidos aluviones y la incuria han causado graves daños en los frescos. Siguiendo las descripciones ofrecidas por el peregrino Juan de Wurzburg y con base en los estudios iconográficos, se conjetura si el argumento del ciclo pictórico del presbiterio, donde sólo se pueden apreciar hoy algunas representaciones de vestidos, aureolas y un ala de ángel, tal vez estuviera compuesto por tres escenas: la oración de Jesús en el huerto, Cristo con los apóstoles y el ángel que consuela al Salvador.

Una reciente restauración de la bóveda ha consistido en limpiar los frescos, en los que es posible observar, por encima de las pinturas, numerosos grafitos dejados por los peregrinos durante y después de la época cruzada.

La entrada actual, aún con alguna modificación, sigue siendo sustancialmente la que se abrió en 1655 entre los dos muros de contención de las terrazas superiores.