La construcción de la Basílica de Getsemaní

El padre custodio Fernando Diotallevi (1918-1924)

El padre custodio Fernando Diotallevi (1918-1924) será recordado, entre otras cosas, por la construcción de las Basílicas de Getsemaní y del Monte Tabor. En particular, la construcción de Getsemaní implicó a muchos personajes de Palestina a comienzos del siglo XX, tanto en el ámbito religioso como en el político.

El descubrimiento, en 1891, de las ruinas cruzadas de la antigua iglesia del Salvador de Getsemaní sentaron las bases para decidir la construcción de una nueva basílica. Con todo, el proyecto inicial quedó enseguida paralizado por la presencia de la «Columna del Beso de Judas» dentro de la propiedad franciscana, motivo por el cual los ortodoxos griegos y armenios se negaron a renunciar a su derecho de tránsito.

Acabada la época de apoyo de los zares rusos a los greco-ortodoxos, nuevos obstáculos se interpusieron entre la Custodia franciscana y la construcción de la nueva Basílica de Getsemaní. El primero de ellos fue la intención expresa del arzobispo de Toulouse, Mons. Agustín Germain, de construir en la cima del Monte de los Olivos un gran “templo nacional francés” dedicado al Sagrado Corazón de Jesús. Asesorado por la Sagrada Congregación De Propaganda Fide, el Custodio Diotallevi escribió una carta al obispo de Toulouse para disuadirlo de su intención de construir la basílica del Sagrado Corazón e invitarlo a colaborar en la reconstrucción franciscana de la basílica de Getsemaní.

Mientras tanto, la Custodia emprendió todos los procedimientos necesarios para realizar su proyecto: encargó el diseño de la nueva basílica al arquitecto romano Antonio Barluzzi y consiguió obtener, no sin esfuerzo, el consentimiento de los griegos para trasladar la Columna del Beso de Judas fuera del espacio de la iglesia medieval. A pesar de las dificultades económicas por la que atravesaba la Custodia, el Ministro General de la Orden, Serafín Cimino, garantizó a Diotallevi que no faltaría el sostenimiento económico para la construcción de los nuevos santuarios.

El 17 de octubre de 1919, el cardenal Felipe Giustini, en calidad de representante del Sumo Pontífice en Palestina, con ocasión del séptimo centenario de la fundación de la Custodia de Tierra Santa, colocó la primera piedra del nuevo santuario de Getsemaní.

A pesar de que el Papa Benedicto XV apoyaba el proyecto de la Custodia, el obispo Germain de Toulouse, henchido del espíritu nacionalista que abundaba en el clero francés, no cejaba en su empeño por erigir una iglesia francesa en el Monte de los Olivos. El estado francés había recibido en donación el terreno que ocupaban los restos de la basílica constantiniana de la Eleona, el actual Pater Noster, y aquel había sido el punto elegido para levantar la gran iglesia, cuya primera piedra se colocó el 2 de enero de 1920. Los británicos, que gobernaban en virtud del mandato de la Sociedad de Naciones, no veían con buenos ojos estas iniciativas francesas, que pretendían de alguna manera la hegemonía del protectorado francés sobre los territorios palestinos. La construcción del templo, en todo caso, no estaba destinada a llegar a buen puerto y siete años más tarde los trabajos quedaron suspendidos definitivamente por falta de fondos.

El gobernador inglés de Jerusalén, Ronald Storrs, no manifestó ningún apoyo al proyecto franciscano, por razones relacionadas con su fe protestante y con su sentido estético. Posición expresamente contraria al proyecto de la Custodia fue también la del Alto Comisionado, Herbert Samuel, que mandó suspender los trabajos con una orden fechada el 19 de julio de 1920. Mientras tanto, el sensacional descubrimiento de “todos los cimientos” de la iglesia de la segunda mitad del siglo IV, la iglesia vista por Egeria y destruida por los persas, mantuvo viva la esperanza de la Custodia para llevar adelante sus trabajos. El dictamen favorable para la realización de las excavaciones fue otorgado por el profesor John Garstang, director del Departamento Palestino de Antigüedades.

Este descubrimiento provocó también mucha agitación en los griegos, quienes, en octubre de 1920, con el pretexto de una apertura practicada en el muro que cerraba la propiedad franciscana de Getsemaní, recurrieron al gobierno mandatario y comenzaron con nuevos enfrentamientos violentos. Los trabajos se suspendieron y tampoco ayudó la torpe mediación del patriarca latino Barlassina. Los griegos incluso trataron de aumentar sus derechos de propiedad sobre el lugar de Getsemaní y sobre la futura basílica.

Trabajo en curso en Getsemaní a principios del siglo XX

Mes y medio más tarde, tras infinitas negociaciones del Custodio, se reanudaron los trabajos en Getsemaní. La construcción de la cerca y la apertura de la nueva puerta agitaron de nuevo a los griegos, que, armados con bastones, marcharon contra Getsemaní y destruyeron los trabajos realizados, tratando además de ocupar el terreno. Tras horas de tensión, se llegó a un acuerdo que aseguró la continuación de las excavaciones por parte de los franciscanos bajo la supervisión del Departamento de Antigüedades.

Los obstáculos fueron superándose, también a causa de las divisiones internas de los griegos, que en aquel tiempo no estaban unidos al patriarca Damianos, a quien consideraban demasiado complaciente con los británicos y, en el caso específico de Getsemaní, con los franciscanos.

Los permisos para la construcción de la Basílica según proyecto de Barluzzi llegaron el 6 de enero de 1922 y permitieron el consecuente traslado de la Columna del Beso de Judas a la parte exterior de la tapia de la propiedad franciscana, de forma que se pudiese permitir el paso libre a los fieles ortodoxos que quisieran venerarla. Al año siguiente, un acuerdo bilateral canceló cualquier servidumbre o derecho de los griegos sobre la propiedad franciscana.

Por fin, gracias también al nacimiento de la revista Tierra Santa, que difundió por todo el mundo la causa de Getsemaní, no tardó en llegar el apoyo económico de numerosas limosnas procedentes de muchos estados católicos, motivo por el cual la iglesia fue llamada también Iglesia de Todas las Naciones.

Gracias al diligente trabajo de cerca de cuatrocientos obreros, fue posible la inauguración de Getsemaní el 15 de junio de 1924, con la asistencia de muchas autoridades eclesiásticas y civiles. Para que Diotallevi pudiera asistir en calidad de Custodio a la inauguración, se le concedió un semestre de prórroga en su cargo, periodo añadido a los seis años ya trascurridos en dicho ministerio.


Historia de una obra de arte

El arquitecto Barluzzi

La decoración del ábside